EL COLAPSO DEL
TRÁNSITO
El atraso vial de la
capital es realmente vergonzoso; que de los 250 mil millones de
pesos que costaba su recuperación hace unos pocos años se pase a
la absurda cifra de 7.5 billones, (12.5 según el alcalde),
demuestra que el costo de la recuperación aumenta diaria y
geométricamente y que ha existido mucha negligencia para resolver
un problema de características realmente críticas,
sobrediagnosticado pero sin las soluciones que corresponde hallar
a los responsables del tránsito y de la planificación urbana.
Los ciudadanos tenemos
derecho a exigir mediante una acción de reparación directa el
valor de los arreglos, el lucro cesante, indemnizaciones por
lesiones y otros, para lo cual debe adjuntar fotografías,
testigos, facturas y demás documentos que permitan demostrar
relación de causalidad entre el mal estado de la vía, la
señalización deficiente u otras causas imputables a la autoridad
encargada del mantenimiento y la señalización y el perjuicio
sufrido.

Al enorme costo de los
daños ocasionados a los vehículos es necesario agregar otro, este
si incuantificable: el tráfico lento por efecto de los huecos
produce mayores niveles de contaminación ambiental cuyo impacto
sobre la salud es bien conocido. Según un documento del Dama que
cita a la Secretaría Distrital de Salud (SDS), esta entidad
reportó 132 casos de muertes por ERA (Enfermedad Respiratoria
Aguda) en zonas donde las concentraciones de material particulado
son mayores. (2006). Mantener las vías en buen estado es en
cierta forma un asunto de salud pública, que se ha querido eludir
transladando toda la responsabilidad a los automovilistas y
declarando guerras, de las cuales ya tenemos bastantes como para
iniciar otra.
FUENTE: http://observatorio.dama.gov.co/
El principal factor de
contaminación –y de morbi-mortalidad– está determinado por la
pésima calidad de los combustibles refinados en el país, el diesel
especialmente, por lo que la reducción de la contaminación
ambiental corresponde casi exclusivamente al Estado; mejorar la
calidad de los combustibles debe ser el paso previo a cualquier
política ambiental que se precie de seria, el adecuado
mantenimiento de las vías y el buen estado de los vehículos, son,
en ese orden, los elementos necesarios para abordar con interés y
decisión reales el tema de la contaminación.

FUENTE: http://observatorio.dama.gov.co/
Los frentes de trabajo
para reparación de vías, además de ser nocturnos siempre que sea
posible, deben publicarse y señalizarse con suficiente
anticipación de tiempo y espacio para que quienes transiten por
estas vías tengan alternativas y no se vean encerrados, sin
posibilidades de retroceso, lo cual ha sido y continúa siendo
causa de interminables trancones.
El “pico y placa”
debería ir ligado a una disminución proporcional de los impuestos,
lo cual obligaría a nuestras autoridades y planificadores de la
movilidad a estudiar, analizar y equilibrar, evitando así pérdida
de credibilidad y confianza, arbitrariedades y experimentos
costosos, además de estimular la búsqueda de soluciones eficientes
aunque no fáciles, en las cuales no sea el automovilista el único
aportante.
En nuestra cultura el
carro da “estatus social” y también proporciona relativas
seguridad –tema también álgido– y comodidad a sus usuarios; de él
dependen directa e indirectamente un buen número de familias por
lo que las restricciones a su uso deben ser evaluadas de manera
integral, sin olvidar que estas son solamente una parte, quizá
menor, de las probables soluciones y no el eje alrededor del cual
se articulen las políticas de movilidad.
Definitivamente es
urgente hacer algo, pero esto no puede convertirse en negocio para
unos pocos como ha ocurrido con la mal llamada biogasolina,
negocio multimillonario que no resuelve nada, con la revisión
técnico-mecánica, tan inútil en el caso de los vehículos
particulares, como mal organizada y con algunos parqueaderos, que
han recibido más de 25000 millones de pesos del IDU debido a que
las proyecciones que sirvieron de base para la firma de estos
contratos fueron mal calculadas y son imposibles de cumplir, lo
que lleva a situaciones aberrantes e injustas, como que incluso
quienes no tienen carro están pagando parqueadero.
La planificación y el
análisis son elementos de importancia crítica para la construcción
de la tercera fase de Transmilenio, específicamente por la carrera
séptima, lo que desplazaría un alto número de vehículos hacia
otras vías ¿cuales? y la calle 26 de Bogotá. Es de esperar que con
la ampliación del aeropuerto Eldorado de Bogotá aumente el flujo
de vehículos desde y hacia él, lo cual como es obvio, requerirá
una vía más amplia, rápida y sin peajes, a menos que el ingreso o
salida del país tenga que hacerse, con maletas y todo, en
Transmilenio.
¿Quién nos garantiza que
los recursos captados por los proyectados peajes urbanos se
inviertan adecuadamente? ¿en que proporción la suma recaudada
contribuiría a recuperar la malla vial? ¿sería este el destino de
esos dineros o es simplemente una medida de desestímulo? ¿Cómo se
haría el pago y cual sería su valor? ¿dónde estarían ubicados?
Dado que hay dineros
públicos involucrados, la trayectoria de las empresas
concesionarias de los peajes, las auditoras y el texto de los
contratos deben hacerse públicos antes de ser firmados;
periódicamente estas empresas y las administraciones o institutos
encargados de ejecutar estos dineros deberían publicar un informe
que permita a la ciudadanía y a los entes de control conocer -o
impugnar si fuese el caso- el grado de transparencia y de
gestión.
La revisión de la manera
en que se están invirtiendo los recursos captados por sobretasa a
la gasolina es indispensable. Las empresas como Transmilenio y
similares en otras regiones deben asumir el mantenimiento de las
vías de uso exclusivo por las que transitan los articulados y una
parte de las que utilizan los buses alimentadores para que los
dineros recaudados por sobretasa a la gasolina se inviertan en
mantenimiento y recuperación de la malla vial no focalizada, que
es para lo que se creó este impuesto. También debería revisarse la
participación que tienen las administraciones y alcaldías en las
utilidades de estas empresas y la cifra que estas aportan por
costos de operación. ¿Cuanto de estos costos aporta el Distrito,
es decir usted y yo? ¿Cuánto hemos pagado por daños en las losas?
¿que pasó con los responsables?
A las alternativas de
solución del caos vial que vivimos debe agregarse la pedagógica,
los automovilistas debemos y podemos ser conscientes de las
implicaciones que tienen el mantenimiento, el uso irracional de
los automóviles y motos, la agresividad, las malas prácticas de
conducción y su incidencia en la accidentalidad. La cultura
ciudadana impulsada por Antanas Mockus demuestra que este tipo de
campañas bien conducidas surten efecto.
El papel de los agentes
de tránsito debe ser revaluado, esconderse a cazar, infractores o
conductores "demalas" y actuar con arrogancia frente a los
ciudadanos son actitudes que generan desconfianza y resentimiento,
la labor preventiva no se ve. Debe permitirse el uso de las
bahías de parqueo, ya ordenado por la Corte, a un precio
razonable, siempre que haya quien vigile y responda por los
vehículos parqueados, tendríamos así ingresos adicionales para el
fisco y algunos empleos más.
Las grúas, que por el
afán de llevarse los vehículos les ocasionan daños, deben tener un
seguro para responder por el costo total de las reparaciones
necesarias o ser asumido en su totalidad por la entidad que ordena
su translado a los patios. Los vehículos deben entregarse en el
mismo estado en que se encontraron, los ciudadanos no debemos
parquear en las calles y el Estado, exigente y celoso con el
respeto por el espacio público debe serlo también con la propiedad
de los contribuyentes y con el tiempo necesario para recuperar su
vehículo, además de facilitar el cumplimiento de la ley.

En el caso de Bogotá,
debe empezar a estudiarse y ejecutarse ahora la construcción de un
metro; ni Transmilenio, ni el Mio, ni el Transcaribe o cualquier
otra denominación son sistemas capaces de absorber toda la demanda
de sus respectivas ciudades, por lo tanto deben existir otras
opciones de Transporte masivo, además de que por su carácter
único, para no decir monopólico, son sistemas altamente
vulnerables como se demostró en Bogotá. La utilización de carros y
motos disminuirá en la medida en que exista oferta de transporte
suficiente, rápido, seguro y digno.
También debe pensarse en
como adecuar y utilizar la infraestructura ya existente para los
trenes, El transporte desde Soacha o Chía, por ejemplo, hasta el
centro de la ciudad podría realizarse de esta manera, ahorrando
así tiempo y combustible.
Los recursos tecnológicos
de que disponemos hoy permiten que algunas personas puedan, por lo
menos parcialmente, desempeñar sus funciones sin necesidad de
desplazarse, el teletrabajo y el teleestudio son opciones que
valdría la pena analizar, así como la modificación de los horarios
en los casos en que sea posible.
Tienen mucha razón
quienes predicen que el modelo de transporte basado en el
automóvil particular desaparecerá por su alto costo en términos
económicos y sociales, a pesar de que, contradictoriamente, se
facilite la compra de más carros nuevos, pensando probablemente en
modernizar el parque automotor del país, lo que de todas maneras
dejará a un buen número de ciudadanos sin su carro, es decir,
descongestión por sustracción de materia, reforzada con revisión
técnico-mecánica.
Es necesario que el país
fortalezca o cree grupos de investigación bien estructurados y
financiados, que puedan desarrollar soluciones de transporte
masivo eficiente, hallar y utilizar otras fuentes de energía y
combustibles realmente ecológicos cuyo objetivo sea proporcionar
energía limpia y barata; la financiación de Maestrías y Doctorados
sobre estos temas, tanto en el país como en el exterior es un
imperativo de las circunstancias del país moderno, que cambia y se
mueve cada día más rápido; pensar que un porcentaje significativo
de la población se transporte en bicicleta diariamente y durante
distancias relativamente largas como sucede en las ciudades
grandes y medianas del país es utopía.
Los problemas de tránsito
y de salud pública nos afectan a todos, por lo que el esfuerzo
debe ser conjunto, sin guerras, con mesura y sobre todo con total
transparencia y compromiso con nuestras ciudades y nuestro país.
Cordialmente,
C.
Fernando Márquez M.
Gerente General