Artículo original publicado en
EL ESPECTADOR

Etanol bien caro
Por: Salomón Kalmanovitz
VARIOS DE LOS INGENIOS
AZUCAREROS del país acaban de pasar por uno de los más largos conflictos
laborales en su historia. Solían subcontratar a sus corteros con
cooperativas que les esquilmaban sus prestaciones sociales y parte de
sus salarios.
Entre tanto, el gobierno regulaba los precios del
etanol a favor de los mismos ingenios, en contra de los consumidores.
Pero desde siempre, los azucareros han disfrutado de una protección
elevada que les ha permitido compensar los vaivenes de las cotizaciones
internacionales del azúcar con altos precios internos.
Para llegar al precio que se le debe pagar al
productor de etanol, el gobierno definió el costo de oportunidad (la
alternativa de producir alcohol) como el de fabricar azúcar refinada,
cuando la verdadera alternativa es el azúcar crudo. Tal consideración
permitió elevar el precio mínimo de referencia en 25%. Se estableció
además que cada quintal de azúcar generaba 21 litros de etanol, cuando
la realidad es que surte 29 litros, lo que arroja un excedente adicional
de 38%. Sume los dos y obtiene un sobreprecio del 72.5% sobre el costo
que debió servir de base del precio al consumidor.
El etanol nos salía costando $6.076 por galón en
julio de 2008 cuando la gasolina estaba costando $5.537. En diciembre de
2008, con un costo por barril de petróleo de US$54, el etanol nos valía
más todavía, $7.500 el galón, al tiempo que el gobierno anunciaba la
primera baja en el precio de la gasolina de $60. Si hubiéramos importado
etanol brasileño, nos habría costado $3.760 el galón, colocado en
Barranquilla e incluyendo un arancel del 10%. Ello significa que
estábamos pagando el doble de lo que nos costaría importar el alcohol
producido eficientemente en el Brasil.
Al día de hoy, el precio equivalente de la
gasolina en Colombia debía ser de US$2 el galón, con el gobierno
haciendo su agosto por mantener un precio de US$3.50, que contiene
muchos impuestos (sobretasa a la gasolina, IVA, arancel). Lo cierto es
que con las prebendas de que gozan los ingenios, no le vale la pena al
país mezclarle etanol a la gasolina sino cuando el precio internacional
del petróleo supere los US$150 por barril. Las proyecciones de largo
plazo son inciertas pero insinúan un precio de US$80 por barril.
Las prerrogativas para los ingenios privilegiados
continúan así: no pagan sobre tasa como la gasolina ni IVA y obtienen
descuentos tributarios del 40% de sus inversiones. Los municipios han
visto reducir sus ingresos sobre la gasolina en 10%, que se lo quedaron
los ingenios. Es notorio que los ciudadanos más ricos contribuyen menos
que proporcionalmente al fisco nacional e incluso obtienen
transferencias de las ciudades en donde se mezcla la gasolina con el
etanol.
Esta serie de maniobras contra el público revela
el carácter de nuestro enclenque capitalismo compinchero: el éxito en
los negocios no depende del desempeño de los empresarios sino de sus
influencias políticas y familiares. En el caso del etanol, algunos
productores logran que el gobierno intervenga para garantizarles altas
utilidades, lo cual, a la larga, castiga a los consumidores, impide
profundizar el mercado, debilita los incentivos a mejorar los procesos
tecnológicos y mantiene estancada la productividad Ahí tienen, queridos
lectores, una explicación adicional para el profundo subdesarrollo
colombiano.
*Decano Universidad Jorge Tadeo Lozano.
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